Cuánto cuesta un proyecto de branding en España
Qué determina el precio de un proyecto de marca, qué horquillas son realistas en 2026 y por qué el presupuesto más barato casi siempre acaba siendo el más caro.
Es la primera pregunta de casi todas las llamadas y la que menos respuestas claras encuentra en internet. Vamos a responderla con los números que manejamos y, sobre todo, con lo que hay detrás de ellos.
Por qué nadie publica precios
Porque «branding» no es un producto. Bajo la misma palabra caben un logotipo para un autónomo y el sistema de identidad de una administración pública con doscientas oficinas. La diferencia de trabajo entre ambos es de dos órdenes de magnitud, y publicar una cifra sin alcance solo sirve para que la conversación empiece mal.
Lo que sí se puede publicar es qué hace que un proyecto cueste lo que cuesta.
Las cinco variables que mueven el presupuesto
1. Si hay estrategia o solo ejecución
Un encargo que llega con la estrategia hecha —territorio decidido, público definido, arquitectura clara— es un proyecto de diseño. Uno que llega con «necesitamos renovar la imagen» es un proyecto de consultoría con diseño al final. El segundo cuesta aproximadamente el doble, y es el que evita rehacerlo todo en dos años.
2. El número de aplicaciones
Una identidad que vive en una web y una tarjeta no es la misma que una que vive en flota, señalética, uniformes, packaging de seis referencias y stand de feria. Cada familia de aplicaciones son horas de diseño, de arte final y de comprobación sobre el material real.
3. El número de decisores
Un proyecto con un fundador que decide se cierra en tres reuniones. Uno con un comité de cinco personas y una validación política encima necesita fases de alineación, actas y rondas adicionales. Eso no es burocracia inflada: es trabajo real que hay que presupuestar.
4. Si hay naming
Añadir naming a un proyecto suma entre tres y cinco semanas y obliga a un prechequeo registral. Es una de las partes con mayor riesgo —un nombre bloqueado tira meses de trabajo— y por eso se presupuesta aparte.
5. Quién lo hace
El mismo entregable firmado por un estudio con veinte años de historial y por un recién licenciado tiene un precio distinto porque el riesgo que asumes es distinto. No estás pagando horas: estás pagando la probabilidad de que funcione.
Horquillas realistas
Con todas las cautelas del mundo, y para el mercado español en 2026:
- Auditoría de marca suelta: es el encargo más contenido del estudio y suele moverse en el entorno de los cuatro dígitos bajos. Sirve para decidir en qué gastar el resto.
- Identidad visual para una marca nueva de tamaño pyme, con sistema y manual pero sin naming ni packaging: cuatro dígitos altos.
- Estrategia más identidad más aplicaciones, con un alcance de empresa consolidada: cinco dígitos.
- Rebranding institucional o corporativo con implantación: cinco dígitos altos en adelante, y con el diseño representando menos de la mitad del coste total del cambio.
Si alguien te ofrece la tercera línea por el precio de la primera, no está siendo generoso: está reduciendo el alcance sin decírtelo, y lo descubrirás en la implantación.
El coste que nadie presupuesta
El caro no es el proyecto. Es el año que tu equipo comercial pasa explicando a mano lo que la marca debería decir sola. Son las dos tiradas de packaging que hay que repetir porque el diseño no se comprobó sobre el material. Es el rediseño que hay que pagar otra vez porque el primero no resolvió el problema de fondo.
Ese coste no aparece en ninguna propuesta, y es el único que de verdad decide si un proyecto de marca ha sido caro o barato.
Cómo presupuestamos aquí
Después de una primera conversación de media hora recibes una propuesta cerrada, por fases y con el precio de cada fase por separado. Puedes contratar solo la primera y decidir después. Si crees que tu caso encaja, cuéntanoslo.